¿Qué costes implica no tener un seguro de decesos?
La muerte de un familiar llega siempre acompañada de un fuerte impacto emocional, pero también de una factura que, si no hay un seguro de decesos, la familia debe abonar al contado. Morirse en España cuesta, de media, entre 3.500 € y 6.500 €, dependiendo de la ciudad y de los servicios contratados. En grandes núcleos urbanos la cifra puede alcanzar los 8.000 € si se añaden extras como flores, misa, recordatorios o un coche fúnebre de gama alta.

La odontología es, probablemente, el área sanitaria donde más se nota la diferencia entre la oferta pública y la privada. Las prestaciones gratuitas del sistema público español — limitadas y, en muchos casos, sujetas a listas de espera — se quedan cortas para buena parte de la población adulta y resultan insuficientes cuando aparecen tratamientos costosos como endodoncias, prótesis o implantes.…
Elegir un seguro de salud ya implica comparar precios, coberturas y franquicias; añadir a la ecuación a tu pareja y a los peques multiplica las variables… y también los quebraderos de cabeza. Aun así, con una buena hoja de ruta la decisión se vuelve mucho más llevadera. Toma nota de los pasos y criterios que, en la práctica, marcan la diferencia entre una póliza que solo ocupa espacio en la carpeta de documentos y otra que de verdad protege a tu familia.…
Cada vez que firmamos una póliza (ya sea por obligación legal o por puro instinto de protección) damos por hecho que estamos comprando tranquilidad. Pero, seamos sinceros: entre la letra pequeña, los tecnicismos y la retahíla de coberturas opcionales, no siempre resulta fácil distinguir lo imprescindible de lo accesorio. Para evitar que nuestra cartera sufra más de la cuenta (o, peor, que terminemos descubriendo tarde –y mal– que estábamos desprotegidos), conviene repasar qué seguros tienen sentido para la mayoría de los bolsillos y cuáles pueden esperar a mejores tiempos o, simplemente, a otra etapa de la vida.…
Cuando contratamos prácticamente cualquier póliza de seguro solemos fijarnos, al menos por encima, en coberturas, exclusiones y coste. Sin embargo, esa atención disminuye drásticamente cuando el seguro viene “incluido” en un producto financiero: lo aceptamos casi sin leer, presuponiendo que la entidad lo ha elegido bien y que, en caso de necesidad, responderá como esperamos. Esa confianza, basada más en la sensación de valor añadido que en la información real, puede salirnos cara.…