Cómo actuar tras un accidente de tráfico

accidente de coche Los siniestros viales siguen siendo una realidad frecuente en las carreteras españolas, con consecuencias que van mucho más allá de los daños materiales. En 2023 se registraron 101.306 siniestros, con 1.806 fallecidos y 9.265 heridos graves, cifras que supusieron un repunte del 3% en muertes y del 9% en heridos graves respecto al año anterior. Detrás de esos números hay escenas en las que, durante los primeros minutos, una decisión acertada puede evitar riesgos añadidos y facilitar la atención a las víctimas.

En el momento del impacto, la confusión es habitual. Aun así, conviene tener interiorizada una idea sencilla, primero seguridad, luego ayuda, después trámites. No se trata de actuar con prisa, sino con orden. El comportamiento del conductor y de los ocupantes puede marcar la diferencia entre un incidente controlado y una situación que se agrava por falta de señalización, por maniobras improvisadas o por no avisar con rapidez a los servicios de emergencia.

Existe un esquema ampliamente recomendado para esos primeros instantes, el conocido protocolo PAS, Proteger, Avisar, Socorrer. La lógica es intuitiva, antes de intentar ayudar hay que reducir el peligro. Eso implica colocar el vehículo en un lugar seguro siempre que sea posible, activar las luces de emergencia, ponerse el chaleco reflectante si se debe salir al exterior y señalizar correctamente la inmovilización. Desde el 1 de enero de 2026, el sistema de preseñalización legal de referencia es la baliza luminosa V16 conectada, pensada para evitar que el conductor tenga que caminar por la calzada para colocar triángulos y exponerse al tráfico.

Del aviso al parte, lo que conviene dejar bien atado

Una vez minimizado el riesgo, llega el aviso. Llamar al 112 cuanto antes es clave, pero también lo es hacerlo con información útil. La ubicación exacta, el sentido de la vía, el número de vehículos implicados, si hay heridos, si alguien está atrapado o si existe un peligro añadido, como humo o derrame, son datos que aceleran la respuesta. En situaciones de estrés es fácil perderse en detalles, por eso conviene concentrarse en lo esencial y responder con claridad a las preguntas del operador.

El tercer paso del protocolo, socorrer, exige prudencia. No se debe mover a una persona herida salvo que exista un riesgo inmediato, por ejemplo incendio o una situación que haga inminente un nuevo impacto. Si no se tienen conocimientos sanitarios, lo más seguro es acompañar, tranquilizar, vigilar la respiración, evitar que la víctima pase frío, y seguir las instrucciones telefónicas de emergencias. En el caso de motoristas, un criterio especialmente importante es no retirar el casco, excepto si hay una necesidad crítica relacionada con la vía aérea y se sabe cómo hacerlo.

Superado el momento más urgente, empieza una fase menos visible pero decisiva, recoger información. Intercambiar datos entre conductores, nombre y documento identificativo, teléfono, matrícula, entidad aseguradora, número de póliza si se dispone, ayuda a evitar problemas posteriores. También conviene tomar fotografías que muestren la posición de los vehículos, los daños, las marcas en la calzada, la señalización existente y el entorno, porque la escena cambia rápido cuando llegan grúas o se restablece la circulación. Si hay testigos, anotar sus datos puede resultar determinante si surgen discrepancias.

En colisiones leves, sin heridos y con versiones compatibles, el parte amistoso sigue siendo la herramienta más útil. Bien cumplimentado, reduce tiempos y discusiones. Debe incluir fecha, hora, lugar, matrículas, datos de los conductores, descripción de las circunstancias, y un croquis comprensible. Tan importante como lo que se escribe es lo que se firma, la firma de ambas partes es la que permite que el documento tenga valor práctico en la tramitación. Además, existen opciones digitales para completar la declaración desde el móvil, pero la recomendación básica se mantiene, hacerlo en el momento, con calma, y asegurándose de que queda validado por los implicados.

A partir de ahí, el siguiente paso es comunicar el siniestro a la aseguradora lo antes posible. La normativa general del contrato de seguro establece un plazo máximo de siete días desde que se conoce el hecho, salvo que la póliza contemple un margen mayor. En la práctica, adelantar la comunicación facilita la peritación, la reparación y la gestión de posibles indemnizaciones. Si hay lesiones, también conviene conservar informes médicos, partes de asistencia y cualquier documento que refleje la evolución, porque la tramitación posterior suele apoyarse en esa documentación.

Por último, conviene recordar que, cuando un accidente deja secuelas físicas o psicológicas, no todo se reduce a la gestión del vehículo. Existen servicios públicos de información y orientación para víctimas, con recursos de apoyo y pautas sobre trámites. En un escenario en el que la seguridad vial sigue siendo un reto, saber actuar no es solo una cuestión de responsabilidad personal, también es una forma concreta de proteger a los demás cuando cada minuto cuenta.

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