Cuando tienes una vivienda, más allá de protegerla frente a robos, incendios o daños por agua, también conviene cuidar otro aspecto que cada vez está ganando protagonismo, la eficiencia energética. Este factor afecta tanto al valor de tu inmueble como a la gestión del seguro de hogar. Vamos a ver qué relación tiene todo esto con los seguros de vivienda, por qué importa y qué deberías tener en cuenta.
¿Qué es el certificado de eficiencia energética?
El documento conocido como Certificado de Eficiencia Energética registra el consumo energético estimado de una vivienda en condiciones normales de uso, y lo “etiqueta” con una calificación que va de la letra A, la más eficiente, hasta la G, la menos. Esta herramienta nació para que los compradores, arrendatarios o propietarios conozcan cuánta energía necesita el inmueble para calefacción, refrigeración, agua caliente o iluminación. Además, es obligatorio disponer de él cuando se vende o alquila la vivienda.
¿Por qué es relevante para un seguro de hogar?
Primero, porque una vivienda energéticamente eficiente suele traducirse en menos riesgo, menos averías, mejor aislamiento, menor desgaste de sistemas de climatización… todo ello favorece que el siniestro grave sea menos probable. La empresa aseguradora puede verlo como un plus. Algunas compañías de seguros de hogar incluso pueden ayudarte a tramitar el certificado de eficiencia energética al contratar la póliza.
Segundo, porque cuanto mejor es la calificación energética, mejor puede ser la habitabilidad y menor el coste de mantenimiento. Los hogares con calificación más alta suelen resultar más atractivos, lo que repercute en su valor y en la estabilidad de uso. Esto, indirectamente, puede suavizar el coste o la valoración de ciertas coberturas del seguro. Teniendo una vivienda con etiqueta A o B, estarás en una mejor posición que si la vivienda tiene etiqueta G.
¿Qué pasos deberías revisar para alinear el certificado y tu seguro?
Asegúrate de que tu póliza de hogar está actualizada y contempla servicios de mantenimiento que favorezcan la eficiencia, por ejemplo, revisiones de climatización, aislamiento, etc. De ese modo, la vivienda está mejor preparada también a efectos del seguro.
Revisa si tu aseguradora ofrece apoyo para la obtención del certificado energético o incluye ventajas si la vivienda ya cuenta con una buena calificación. Algunas lo hacen.
Comprueba el estado del certificado, cuándo se emitió, cuál es la calificación y si han cambiado parámetros importantes de la vivienda, por ejemplo, reformas. Si la calificación es baja, quizá te interese plantearte mejoras, porque eso puede ayudarte tanto a ahorrar energía como a tener una vivienda más protegida y asegurada.
No confundas, tener un certificado de eficiencia energética no lo es todo. Tu seguro de hogar seguirá valorando otros riesgos, incendios, robos, daños por agua, responsabilidad civil…, pero una buena eficiencia puede jugar a tu favor.
Cuando vayas a contratar un seguro nuevo o renovar, pregúntale al agente o correduría, ¿Está mi vivienda valorada de forma adecuada teniendo en cuenta su eficiencia energética? ¿Hay condiciones especiales si la vivienda tiene calificación “baja”?
Tener un seguro de hogar es esencial para proteger tu vivienda. Pero cada vez cobra más sentido que esa protección vaya de la mano de medidas que mejoren la eficiencia energética del inmueble. El certificado energético es una herramienta clave para conocer cómo está tu casa en ese aspecto y, a su vez, puede marcar la diferencia tanto en tus gastos energéticos como en la percepción de riesgo que hace la aseguradora. No basta con firmar una póliza, conviene hacer un repaso completo, revisar si tu vivienda está eficiente y ver si tu seguro está alineado con ese estado. Al fin y al cabo, proteger es también anticipar.

