Las diferencias entre un seguro de vida y uno de accidentes

seguro de vida Cuando se pasan los cuarenta y hay una hipoteca pendiente, hijos que mantener y un sueldo del que depende toda la familia, la cabeza empieza a funcionar de otra manera. Ya no se piensa solo en llegar a fin de mes sino en qué pasaría con todo eso si un día la persona que sostiene la economía del hogar falta o queda imposibilitada para trabajar. Es una idea incómoda que nadie quiere tener, pero que ronda especialmente a quienes hacen muchos kilómetros de carretera a diario o ejercen profesiones con un componente físico importante. Lo que muy poca gente tiene claro es si lo que necesita es un seguro de vida, uno de accidentes o los dos, porque aunque suenan parecido cubren cosas bastante distintas.

La confusión entre ambos es una de las más extendidas. Hay quien cree que son lo mismo con distinto nombre y hay quien piensa que contratando uno se ahorra el segundo. Ninguna de las dos cosas es cierta. El seguro de vida cubre el fallecimiento o la invalidez del asegurado sea cual sea la causa, ya venga de una enfermedad, de un accidente o de cualquier otra circunstancia. El de accidentes solo entra en juego cuando la invalidez o la muerte se producen como consecuencia directa de un accidente, y ahí está la diferencia fundamental.

Para entenderlo con un ejemplo concreto: si el asegurado fallece por un cáncer, el seguro de vida paga la indemnización a los beneficiarios, pero el de accidentes no cubre esa situación porque no ha habido ningún accidente. En cambio, si la causa es un siniestro de tráfico, ambos seguros responden. Esa asimetría es la que lleva a muchas familias a contratar las dos pólizas a la vez, porque una complementa las lagunas de la otra.

Qué cubre cada póliza que la otra no incluye y cómo se calcula lo que se paga por cada una

Tanto el seguro de vida como el de accidentes indemnizan en caso de fallecimiento o invalidez permanente absoluta provocados por un accidente. Si el asegurado queda incapacitado para ejercer cualquier actividad remunerada, las dos pólizas responden. Hasta ahí van de la mano, pero a partir de ese punto cada una tira por su lado.

La invalidez parcial, por ejemplo, solo la contempla el seguro de accidentes. Si alguien pierde movilidad en una mano o sufre una lesión que le reduce la capacidad física sin llegar a impedirle trabajar por completo, es el seguro de accidentes el que puede compensar esa situación aplicando un baremo sobre el capital asegurado, algo que el de vida no hace.

Hay un dato relevante sobre los infartos y los derrames cerebrales. Determinados seguros de accidentes cubren el fallecimiento o la invalidez provocados por estas dolencias, que según el Ministerio de Trabajo representan casi el 47% de las muertes laborales. Son situaciones que caen en una zona gris entre la enfermedad y el accidente, y conviene saber si la póliza contratada las incluye o no.

En cuanto al precio, la diferencia es notable. El de accidentes suele ser más barato porque solo responde ante accidentes. La prima del de vida se calcula según la edad y el estado de salud, mientras que la del de accidentes depende más de la profesión y de las actividades de riesgo, lo que explica que un oficinista pague mucho menos que un operario de construcción.

La decisión entre uno y otro no tiene una respuesta universal. Depende del presupuesto, de la situación familiar y del nivel de riesgo al que se exponga quien lleva el peso económico del hogar. Lo que sí dicen los profesionales del sector es que quien puede permitirse contratar ambos tiene una red de protección mucho más completa, porque entre los dos cubren prácticamente cualquier escenario que pueda poner en peligro la estabilidad financiera de una familia.

Las diferencias entre un seguro de vida y uno de accidentes