Accidente en moto: qué hacer

Persona en moto Un charco de gasoil en una rotonda, un coche que no mira al cambiar de carril, una mancha de gravilla en una curva. Para quien va sobre dos ruedas, una caída puede llegar cualquier mañana de camino al trabajo. Y con la adrenalina disparada, lo último que apetece es pensar en pólizas. Por eso conviene tener el guion aprendido de antemano.

Lo primero no es la moto, es la persona. Si hay heridos, o si tú mismo no estás seguro de cómo estás, se llama al 112. Una regla que todos los sanitarios repiten: no quitarse el casco ni permitir que se lo quiten a un motorista tumbado, salvo que no respire, porque una lesión cervical puede agravarse con ese gesto. Después toca señalizar la zona, apartar la moto de la calzada si es posible y ponerse a salvo.

Con la situación controlada, llega el papeleo. Si hay otro vehículo implicado y hay acuerdo sobre lo ocurrido, el parte amistoso sigue siendo la herramienta más útil: matrículas, aseguradoras, un croquis y las firmas de ambos. Si no hay acuerdo, o hay lesionados, conviene avisar a la Policía Local o a la Guardia Civil para que levanten atestado. Fotos de los daños y de la posición de los vehículos nunca sobran.

Del seguro obligatorio al todo riesgo, qué cubre cada uno tras una caída

La Ley del Contrato de Seguro concede un plazo de siete días para comunicar el siniestro a la compañía, aunque cuanto antes se haga, mejor. La aseguradora abre un expediente y envía un perito si hay daños materiales. Ocultar información o retrasar el aviso solo complica las cosas.

Y aquí viene la pregunta clave: ¿qué paga el seguro? Depende de lo contratado. La póliza obligatoria a terceros responde de los daños que causes a otras personas o a sus bienes, con límites legales de 70 millones de euros por víctimas y 15 millones por daños materiales, pero no repara tu moto ni paga tus propias lesiones si la culpa fue tuya. Un terceros ampliado suele añadir lunas, robo o incendio, y el todo riesgo, con o sin franquicia, cubre también los daños de tu propio vehículo.

¿Y el pasajero? Buena noticia: la persona que va detrás cuenta como tercero perjudicado, así que sus lesiones quedan amparadas por la responsabilidad civil del conductor, incluso con la póliza más básica. Distinto es el caso del propio motorista, que necesita una garantía específica de accidentes del conductor para cobrar por sus propias secuelas cuando no hay otro culpable.

Si el responsable del golpe es otro conductor, será su aseguradora quien indemnice. Y si ese conductor circulaba sin seguro o se dio a la fuga, el Consorcio de Compensación de Seguros asume la cobertura de los daños personales, siempre que haya denuncia. Conducir sin póliza, además, supone una sanción que puede superar los 1.500 euros y la inmovilización del vehículo.

Las indemnizaciones por lesiones no se negocian a ojo. En España se aplica el baremo de tráfico de la Ley 35/2015, que fija cantidades según días de curación, secuelas, edad e ingresos del lesionado. Una clavícula rota con tres meses de baja se valora con cifras tasadas, no con la buena voluntad de la compañía. Reclamar bien exige informes médicos completos y, en casos graves, un abogado especializado.

Al final, la diferencia entre un mal día y un problema serio suele estar en tres cosas: actuar con calma en el lugar del accidente, documentarlo todo y conocer la póliza antes de necesitarla. Leerla un domingo tranquilo cuesta veinte minutos; descubrir sus huecos escayolado sale mucho más caro.

Esta información es de carácter general y no constituye asesoramiento legal ni financiero; consulta las condiciones de tu póliza o a un profesional.

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