Seguro de anulación de viaje: qué cubre de verdad y cuándo hay que contratarlo para que sirva

aeropuerto Tienes los vuelos pagados desde marzo, el hotel reservado sin reembolso y un hijo que amanece con fiebre dos días antes de salir. O una gastroenteritis que llega la víspera. O un jefe que cambia tus vacaciones a última hora. Situaciones así ocurren a diario, y en la mayoría de los casos el dinero se pierde entero, porque las tarifas más baratas de aerolíneas y alojamientos no admiten devolución.

Para eso existe la garantía de anulación. Es una póliza que devuelve lo que ya has abonado por un viaje si tienes que cancelarlo antes de empezar, o la parte no disfrutada si debes volver antes de tiempo, siempre que la causa esté entre las recogidas en el contrato. Cuesta, en general, entre el 3% y el 6% del precio total, lo que en una escapada de 1.500 euros son unos 60 o 70 euros.

Hay un detalle que decide si sirve de algo o no: el momento de contratarlo. Casi todas las compañías exigen que se firme dentro de los primeros días tras la reserva principal, normalmente entre siete y quince. Si lo dejas para una semana antes del viaje, cuando ya sospechas que algo puede torcerse, la aseguradora lo rechazará o excluirá cualquier situación que ya existiera.

Enfermedad, despido, citación judicial o un incendio en casa: estas son las causas que suelen estar cubiertas

¿Y qué causas cubre? Depende de la póliza, pero hay un núcleo bastante estable. La primera es la salud: una enfermedad grave, un accidente o el fallecimiento, ya sea de quien viaja o de un familiar directo, lo que suele incluir pareja, padres, hijos y hermanos. Aquí la palabra clave es «grave»: un resfriado no vale, un ingreso hospitalario o una prescripción médica de reposo sí.

La segunda familia de causas es laboral. Un despido inesperado, un traslado forzoso o la incorporación a un nuevo trabajo cuando estabas en paro son motivos habituales de anulación cubierta. También lo son las obligaciones legales imprevistas: una citación judicial como testigo o jurado, o incluso una convocatoria a mesa electoral, que en España se comunica pocas semanas antes.

El tercer bloque tiene que ver con la casa. Si el día antes de salir sufres un incendio, un robo con daños o una inundación en tu vivienda o negocio, nadie espera que te subas al avión. Y por último, la naturaleza: huracanes, terremotos o fenómenos extremos declarados en el destino que hagan inviable el viaje. Ojo, aquí la letra pequeña importa mucho, porque una simple ola de calor rara vez cuenta.

Existen pólizas ampliadas que llegan más lejos: examen oficial que coincide con las fechas, separación de la pareja con la que viajabas, avería del coche de camino al aeropuerto o robo de la documentación. Las más completas se venden como anulación por cualquier causa, aunque en la práctica suelen devolver solo un porcentaje, a menudo entre el 70% y el 80%, y con franquicia.

Lo que casi nunca está cubierto también conviene saberlo antes de firmar: enfermedades ya diagnosticadas antes de contratar, embarazos sin complicaciones, simplemente cambiar de idea, o cancelaciones de la propia aerolínea, que se reclaman a la compañía y no al seguro.

Cuando llega el momento de pedir el reembolso, los trámites son sencillos si has guardado todo. Piden el justificante de la causa, un informe médico, la carta de despido o el atestado policial, las facturas de lo pagado y la prueba de que has cancelado con el proveedor y de lo que este te ha devuelto. Un consejo práctico: avisa a la aseguradora en cuanto sepas que no viajas, no cuando ya haya pasado la fecha.

Esta información es de carácter general y no constituye asesoramiento financiero; consulta las condiciones de tu póliza o a un profesional.

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