Una regleta con el cargador del portátil, la estufa y el secador enchufados a la vez. Una sartén con aceite que se queda sola mientras suena el teléfono. Una vela que se apaga «sola» en la mesilla. Son escenas tan corrientes que nadie las percibe como peligrosas, y sin embargo están detrás de buena parte de los incendios domésticos que cada año atienden los bomberos en España, con decenas de fallecidos y miles de viviendas dañadas.
Lo llamativo es que casi todos tienen un origen conocido y evitable. Los bomberos y las asociaciones de prevención coinciden en señalar a la instalación eléctrica como la primera sospechosa. Pisos con cableado de hace treinta o cuarenta años, cuadros sin diferencial, alargadores encadenados y aparatos de mucha potencia colgando de un solo enchufe forman un cóctel que termina en cortocircuito.
Después viene la cocina, el lugar donde conviven fuego, aceite y prisas. El aceite que humea está a un paso de arder, y el reflejo de echarle agua es el peor posible, porque salpica llamas por toda la campana. Lo correcto es tapar la sartén y apagar el fuego. Un extintor pequeño o una manta ignífuga cuestan menos de veinte euros y caben en cualquier cajón.
Estufas, braseros, gas, velas, mascotas y hasta las luces de Navidad
El invierno suma sus propios focos. Los braseros y estufas eléctricas provocan cada año incendios al quedar pegados a cortinas, mantas o al faldón de la mesa camilla. La regla es simple: un metro de distancia respecto a cualquier tejido y apagarlos antes de dormir. Quien tiene chimenea o estufa de leña debería encargar un deshollinado anual, porque el hollín acumulado en el tubo puede prender y transmitir el fuego al forjado del edificio.
El gas es otro capítulo aparte. Si hay olor, la secuencia es siempre la misma: abrir ventanas, cerrar la llave de paso, no tocar interruptores ni encender nada y llamar a la distribuidora desde fuera de la casa. Las revisiones periódicas de la instalación, que en el gas natural corren a cargo de la distribuidora cada cinco años, no son un trámite decorativo.
Hay riesgos más discretos que sorprenden cuando se conocen. Los electrodomésticos que trabajan de madrugada, sobre todo secadoras y lavadoras, encabezan las causas de fuego en pisos mientras sus dueños duermen; el filtro de pelusa de la secadora es un acumulador de combustible que conviene vaciar en cada ciclo. Los cargadores baratos de móvil y patinete, con baterías de litio, han entrado con fuerza en las estadísticas recientes.
Las velas y los cigarrillos siguen ahí, especialmente por la noche. Y las mascotas, aunque suene a broma, figuran en los partes: un gato que tira una vela, un perro que roe un cable, una pata que acciona el mando de la vitrocerámica. Los niños con mecheros a mano, los disolventes y pinturas guardados junto a la caldera y las guirnaldas navideñas sin marcado CE completan la lista.
¿Y si a pesar de todo ocurre? La cobertura de incendio es la base de cualquier seguro de hogar, y suele responder de la reparación del continente, la reposición del contenido, el desescombro y el alojamiento provisional si la casa queda inhabitable. También incluye responsabilidad civil por los daños causados al vecino de arriba o de al lado, que es donde más dinero se juega. Merece la pena leer los capitales asegurados: un piso infraasegurado cobra solo una parte proporcional.
Dos compras que salvan vidas y cuestan poco: un detector de humo por planta, obligatorio ya en muchos países europeos, y un extintor de polvo en el pasillo. Diez minutos de instalación un sábado por la mañana.
Esta información es de carácter general y no constituye asesoramiento; consulta las condiciones de tu póliza o a un profesional.

