Los cinco siniestros más frecuentes en los comercios españoles

tienda A un comerciante le preguntas qué es lo peor que le puede pasar en su negocio y te dice que un robo, siempre. Da igual que regente un bar en Vallecas, una tienda de ropa en Bilbao o un despacho de abogados en Sevilla. El miedo a los cacos está tan metido en el imaginario del pequeño empresario que condiciona desde la elección de la persiana hasta las horas de cierre. Y sin embargo las cifras dicen otra cosa, porque de los 1,4 millones de comercios con póliza multirriesgo en España, el percance que más se repite y que más dinero cuesta al año no tiene nada que ver con ningún ladrón, sino con el agua que sale de donde no debería salir.

Medio millón de siniestros al año entre comercios asegurados. Más de un millón de euros en costes cada día que pasa. Las goteras, por decirlo de forma coloquial, le sacan una ventaja obscena a los robos en la tabla de percances que sufren los negocios en este país, y eso es algo que sorprende a cualquiera que lo escuche por primera vez. Son más de 165.000 incidentes anuales relacionados con daños por agua, lo que significa que cada tres minutos y medio a algún bar, tienda o despacho le revienta una tubería, le aparece una filtración o se le atasca un desagüe. La factura diaria que dejan estas averías supera los 253.000 euros, y lo peor es que el agua no solo moja: arrastra, pudre y destroza mercancía, mobiliario y suelos con una eficacia que ya quisiera cualquier ladrón.

Después del agua viene algo que pocas veces se menciona pero que ocurre con una frecuencia pasmosa: los cristales que se rompen. Más de 90.000 escaparates, vitrinas y ventanales de establecimientos se hacen pedazos al año, uno cada cinco minutos largos, con un coste de unos 94.700 euros al día.

Qué lugar ocupan los robos en la lista real de siniestros en comercios y por qué los daños eléctricos dan más sustos de los que parece

La electricidad se cuela en tercer lugar y es el percance más traicionero de todos porque no avisa. Un bar con tres cámaras frigoríficas repletas de género puede perder cientos de euros de mercancía en una sola noche si sube la tensión. Una pescadería en julio con la vitrina apagada durante horas convierte el producto en basura. Hasta una oficina pequeña se paraliza si los ordenadores se funden. Las aseguradoras pagan casi 79.000 euros al día por averías provocadas por fallos en el suministro eléctrico, y lo que hace especialmente peligroso este siniestro es que nadie instala protecciones hasta que el primer desastre ya ha pasado.

Y ahora sí, los robos. Cuartos en frecuencia, con algo más de 53.000 casos al año. Lo que pasa es que cuando entran, entran a saco: los costes diarios se van por encima de los 252.000 euros, prácticamente la misma cantidad que el agua. Ahí está la paradoja, porque el robo no es el percance más habitual pero sí el que se lleva casi tanto dinero como el primero de la lista, y eso explica que siga siendo el fantasma que más quita el sueño a los comerciantes.

Cierran la clasificación los fenómenos atmosféricos. Granizo, lluvias torrenciales y vendavales causan un siniestro cada cuarto de hora y generan unos 67.000 euros diarios en destrozos. A partir de ahí la lista sigue con incendios, responsabilidad civil, averías de maquinaria y algo que suena poco pero asusta mucho: las pérdidas de beneficios, que curiosamente son lo menos frecuente de todo pero lo que más angustia genera entre los empresarios cuando ocurre.

La moraleja de estos números es que blindar un negocio solo contra los robos es taparse un ojo. Una cañería vieja, un cuadro eléctrico sin revisar o un escaparate mal anclado generan más siniestros que todos los cacos juntos, y a esos problemas rara vez se les presta atención hasta que el local amanece encharcado o a oscuras.

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